¿Qué es el estrés?

La definición de estrés abarca varios enfoques. Una definición universal podría ser la de una reacción fisiológica del organismo, en la que entran en juego diversos mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante o de demanda incrementada.

Dicho de manera más comprensible, podríamos definir el estrés como una sensación que creamos al reaccionar ante ciertas situaciones o hechos. Es la manera en la que el cuerpo se enfrenta a un reto y se prepara para actuar ante una situación difícil con enfoque, fortaleza, vigor y agudeza mental.

¿Cuándo hay que tratar el estrés?

Cuando percibes que no controlas el estrés durante el trabajo, cuando afrontas situaciones de la vida cotidiana con mucha tensión o sufres un grado de alteración desadaptativo que te paraliza al afrontar ciertas situaciones, es conveniente acudir a un psicólogo especialista para que trate el estrés y sus síntomas.

Entender lo que a uno le pasa, saber que existe un tratamiento efectivo para solucionarlo que nos hace sufrir, y una buena sintonía con el profesional que nos atiende son los primeros pasos del proceso de curación.

¿Cuáles son los síntomas de estrés?

Aunque los síntomas del estrés son muchos y variados, algunos de los más habituales son:

  • Aumento de la frecuencia cardiaca
  • Respiración rápida y superficial
  • Sudoración
  • Temblores
  • Mareos
  • Problemas o alteraciones digestivas
  • Boca seca

No todos estos síntomas hay que relacionarlos con el estrés, ya que pueden estar causados por otros motivos, pero este cuadro típico de síntomas describe los indicios que bien podrían ser resultados de estrés.

¿Cuáles pueden ser las causas del estrés?

Las causas del estrés pueden ser muchas y muy diferentes: problemas físicos, psicológicos, factores emocionales o mentales, etc.

Esto, aplicado a nuestro día a día, podría ser producido por: problemas relacionados con el trabajo (estrés laboral), con la pareja, con la familia, falta de sueño, discusiones, frustración (estrés emocional), competitividad excesiva, desempleo, falta de tiempo para realizar las tareas, muerte o enfermedad de un ser querido (estrés postraumático), entre otros.

Es importante saber que existen varios matices y consideraciones en torno al estrés:

  • El estrés no afecta a todo mundo de la misma manera.
  • No todas las personas tienen el mismo nivel de tolerancia ante el estrés.
  • El estrés puede hacer a la gente reaccionar de distintas maneras.
  • El estrés es una sensación normal que, en bajas dosis, puede ayudarnos a hacer las cosas.

Diferentes tipos de estrés: bueno y malo

Tener cierta cantidad de estrés es adaptativo. Por ejemplo, tener un poco de estrés antes de un examen puede ayudarnos a rendir y estudiar más. Todos los esfuerzos mentales o físicos, así como todo proceso de solución de problemas requieren de una cantidad determinada de energía de estrés.

Pero es verdad que, como todo en la vida, tener una sobrecarga de algo –en este caso de estrés– no es bueno. Por eso hay que saber qué nos pasa y ponerle remedio para controlar los síntomas del estrés.

¿Cómo combatir el estrés?

Existen varios aspectos en el tratamiento del estrés. Un tratamiento psicológico es fundamental para poder detectar y gestionar correctamente el estrés. Este tratamiento psicológico puede complementarse con psicofármacos adecuados, pero eso varía en función de la complejidad y grado de estrés y consecuencias.

No obstante, un tratamiento adecuado (medicación y terapia psicológica) es fundamental.

Algunas de las terapias más frecuentes para combatir el estrés incluyen las siguientes técnicas:

  • Técnicas de biofeedback. Consisten en el aprendizaje que posibilita el control voluntario de las funciones fisiológicas autónomas, como por ejemplo, la tensión muscular y la presión sanguínea.
  • Técnicas de respiración y relajación. Se basan en la idea de que, liberando el cuerpo de la tensión muscular, a través de la respiración abdominal o de ejercicios de tensión-distensión de los grupos musculares, se liberará la «tensión de la mente».
  • Técnicas cognitivo-conductuales. Por ejemplo, la aserción encubierta, que consiste en aprender a detener el pensamiento distorsionador que provoca emociones negativas, y a sustituirlo por otro más positivo y constructivo.
  • La desensibilización encubierta. Con esta técnica el sujeto aprende a relajarse mientras se imagina escenas que progresivamente van provocando mayor ansiedad.
  • La inoculación al estrés. Con esta técnica se enseña cómo afrontar y relajarse ante una amplia variedad de experiencias estresantes, desarrollando nuevas formas de reacción más allá del miedo y la cólera.
  • Técnicas de autocontrol. Suponen el entrenamiento de una persona para regular sus conductas, dirigiendo sus esfuerzos a regular su propio entorno, y no a modificar posibles o supuestos estados internos inmanejables, a través de la manipulación de condiciones antecedentes y de consecuencias, etc.

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